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Envejecimiento activo: Claves para mantener la salud y la autonomía a partir de los 70 años

Envejecimiento activo- Claves para mantener la salud y la autonomía a partir de los 70 años

Vivir más años no significa necesariamente vivir mejor. El verdadero reto del envejecimiento en el siglo XXI ha dejado de ser únicamente la longevidad para centrarse en la calidad de esos años extra. El objetivo es claro: mantener la salud, la autonomía y el bienestar a medida que pasa el tiempo.

A partir de los 70 años, el cuerpo experimenta cambios inevitables, pero esta transformación biológica no debe implicar una pérdida de independencia. La filosofía del envejecimiento activo se basa en prevenir antes que reaccionar, en observar los pequeños detalles antes de tener que intervenir de urgencia y en acompañar a nuestros mayores sin invadir su espacio. Hoy en día, una nutrición adecuada, el movimiento diario constante, el bienestar emocional y un seguimiento preventivo inteligente son los pilares fundamentales para envejecer con dignidad y seguridad.

Esta guía reúne las claves más importantes para lograrlo.

Qué entendemos hoy por envejecimiento activo

A menudo existe la confusión de que el envejecimiento activo consiste simplemente en “estar ocupado” o en intentar “hacer deporte” al ritmo de décadas pasadas. Nada más lejos de la realidad. Se trata de un enfoque integral de salud que busca mantener la capacidad funcional del individuo el mayor tiempo posible.

El envejecimiento activo implica reducir los riesgos de enfermedad evitables, favorecer la autonomía en las tareas cotidianas y ser capaces de detectar cambios físicos o emocionales de forma temprana. También es crucial el mantenimiento de vínculos sociales fuertes y rutinas estables que estructuren el día a día. La Organización Mundial de la Salud lo define con precisión como el proceso de optimizar oportunidades de salud, participación y seguridad para mejorar la calidad de vida. En la práctica, significa cuidar hoy esos pequeños detalles que mañana marcarán la diferencia entre la dependencia y la libertad.

Salud preventiva en mayores: Observar pequeñas señales lo cambia todo

Uno de los errores más frecuentes en el cuidado de la salud de las personas mayores es esperar a que aparezca un síntoma grave o evidente para actuar. En la inmensa mayoría de los casos, los problemas importantes de salud emiten señales previas, avisos sutiles que a menudo pasamos por alto.

Factores como un cambio repentino en el nivel de cansancio habitual, alteraciones en los patrones de sueño, bajadas leves de oxígeno, una movilidad reducida o momentos de desorientación puntual pueden ser indicadores tempranos de que algo no va bien. Por eso, el enfoque actual de la salud preventiva se aleja de la reacción ante la crisis y se centra en el seguimiento regular. La clave está en la observación de tendencias y no de datos aislados; lo importante es detectar cuándo hay una desviación respecto a la rutina habitual de la persona.

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Oxígeno en sangre: Por qué controlar la saturación es clave

La saturación de oxígeno en sangre (SpO₂) se ha revelado como un indicador fundamental para evaluar el estado respiratorio y circulatorio. En las personas mayores, pequeñas bajadas sostenidas en estos niveles, aunque no sean críticas en un primer momento, pueden estar relacionadas con problemas respiratorios latentes, fatiga crónica o una menor tolerancia al esfuerzo físico.

Además, una oxigenación deficiente aumenta el riesgo de sufrir mareos y, consecuentemente, caídas. La gran ventaja actual es que es posible medir la saturación desde casa de forma sencilla y totalmente no invasiva. Esto permite a las familias detectar cambios progresivos, compartir información objetiva y actuar mucho antes de que aparezcan síntomas graves como la disnea o el agotamiento extremo.

Movimiento diario: La base física del envejecimiento activo

El cuerpo humano está diseñado biológicamente para moverse, y esta necesidad no desaparece al cumplir 70 años. La inactividad o el sedentarismo son, de hecho, los principales factores que aceleran el deterioro funcional en la tercera edad.

No se trata de imponer rutinas de ejercicio intenso, sino de integrar el movimiento en la vida diaria para mantener la movilidad articular, preservar la fuerza básica necesaria para levantarse o caminar, mejorar el equilibrio y favorecer la circulación sanguínea. Herramientas tan sencillas como los paseos diarios y el ejercicio suave son las más eficaces para reducir el riesgo de caídas, mejorar el estado de ánimo, conciliar mejor el sueño y, sobre todo, mantener la autonomía para realizar actividades cotidianas sin ayuda.

Prevención de caídas: El hogar como espacio seguro

Las caídas representan una de las principales causas de pérdida de autonomía e ingreso hospitalario en personas mayores. Sin embargo, es importante entender que muchas de estas caídas no ocurren por una fragilidad extrema de la persona, sino porque el entorno en el que viven no está adaptado a sus nuevas necesidades.

Realizar pequeños cambios en casa puede reducir de forma drástica este riesgo. Acciones como la eliminación de alfombras sueltas que puedan provocar tropezones, la mejora de la iluminación en pasillos, la instalación de barras de apoyo en el baño o el uso de superficies antideslizantes son vitales. La prevención empieza mucho antes del accidente; convertir el hogar en un entorno seguro es, sin duda, una de las decisiones más rentables en términos de salud y tranquilidad familiar.

Salud mental y conexión emocional: El impacto de la soledad no deseada

La salud emocional es tan vital como la física, y ambas están intrínsecamente conectadas. La soledad no deseada afecta a miles de personas mayores y tiene una relación directa con el aumento de casos de depresión, el deterioro cognitivo acelerado, una menor adherencia a las rutinas saludables y un aumento del riesgo cardiovascular.

Mantener la conexión con la familia y el entorno social no siempre es fácil, especialmente cuando la movilidad disminuye y salir de casa cuesta más trabajo. En este contexto, la tecnología se convierte en una aliada indispensable, no para sustituir el contacto humano, sino para facilitarlo. Ayuda a que los mayores se sientan acompañados, permite un contacto diario fluido, reduce la sensación de aislamiento y refuerza su seguridad emocional al saberse conectados con los suyos.

Rutinas, hidratación y sueño: Lo invisible que sostiene la salud

Muchas alteraciones graves de salud en la tercera edad no aparecen de golpe, sino que son el resultado de cambios progresivos en los hábitos diarios que pasan desapercibidos. Dormir menos horas de lo habitual, beber menos agua, saltarse comidas o alterar los horarios de descanso son señales de alarma.

La observación de estas rutinas permite detectar desequilibrios metabólicos o cognitivos antes de que se conviertan en un problema mayor. El seguimiento de estos hábitos “invisibles” es una herramienta preventiva clave para mantener los niveles de energía, reducir episodios de confusión, mejorar la recuperación física y preservar la calidad del sueño, que es el gran reparador del organismo.

Tecnología como aliada del envejecimiento activo (sin medicalizar)

La tecnología aplicada al envejecimiento activo no pretende sustituir al médico ni tiene como objetivo diagnosticar enfermedades. Su verdadero valor reside en su capacidad para acompañar, observar y alertar.

Soluciones modernas, como las desarrolladas por Durcal, permiten registrar constantes vitales orientativas, observar tendencias de actividad física y detectar cambios sutiles respecto a la rutina habitual del usuario. Todo ello aporta una tranquilidad inmensa a la familia y seguridad al usuario, sin invadir su privacidad, sin estigmatizarlo con dispositivos aparatosos y sin convertir su vida diaria en un entorno clínico frío.

Envejecer activo es prevenir, no reaccionar

El envejecimiento activo no es una meta final a la que se llega, sino un proceso continuo. Se construye día a día con pequeñas decisiones —un paseo, un vaso de agua, una videollamada, un chequeo de oxígeno— que, sumadas, marcan una enorme diferencia en la autonomía y la calidad de vida. Cuidar el cuerpo, la mente y las rutinas no significa renunciar a la independencia; al contrario, es la estrategia más inteligente y eficaz para preservarla durante el mayor tiempo posible.

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