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10 recomendaciones para apoyar el bienestar emocional en mayores

10 recomendaciones para apoyar el bienestar emocional en mayores

El bienestar emocional en las personas mayores se ha convertido en un pilar esencial para preservar su calidad de vida, su autonomía y su capacidad de mantener vínculos sociales sólidos. A medida que avanzamos en edad, experimentamos cambios físicos, cognitivos y afectivos que requieren una atención más profunda y una estrategia de acompañamiento centrada en la dignidad, la escucha activa y el apoyo constante. En este artículo desarrollamos 10 recomendaciones clave, construidas desde la experiencia, el rigor profesional y una mirada humana, con el objetivo de favorecer un envejecimiento más pleno, positivo y equilibrado.

1. Fomentar una red social activa y significativa

El aislamiento social es uno de los factores que más afecta al estado emocional en la tercera edad. Desde nuestra experiencia, promover un entorno social activo implica mucho más que simplemente “hacer compañía”. Se trata de fortalecer relaciones, mantener conversaciones profundas, recuperar vínculos pasados e incluso construir nuevas amistades mediante actividades comunitarias, talleres formativos o grupos de interés. Las interacciones regulares aumentan la autoestima, reducen la sensación de soledad y generan motivación para desarrollar planes diarios.

Favorecemos la participación en asociaciones vecinales, centros de mayores, actividades culturales y encuentros familiares recurrentes. Esta integración en redes sociales da lugar a emociones positivas y a una mayor sensación de pertenencia.

2. Impulsar hábitos diarios que promuevan autonomía

El bienestar emocional está íntimamente ligado a la sensación de control sobre la propia vida. Por ello, desarrollar rutinas diarias que fomenten la autonomía resulta esencial. Recomendamos establecer horarios para las comidas, paseos, ejercicio ligero y actividades domésticas sencillas que permitan mantener la independencia funcional.

La autonomía no debe entenderse como exigencia, sino como empoderamiento. Actividades como preparar la lista de la compra, organizar la ropa, cuidar plantas o cocinar recetas sencillas contribuyen a fortalecer la autoconfianza y la percepción de utilidad, elementos clave en la salud emocional.

3. Incorporar actividad física adaptada a sus capacidades

La evidencia es contundente: el ejercicio físico moderado mejora el estado ánimo, reduce el estrés y estimula la liberación de endorfinas. Recomendamos promover una rutina ajustada a cada persona, que combine paseos, ejercicios de equilibrio, movilidad articular y estiramientos suaves.

Además, la actividad física ayuda a mantener el cerebro activo, mejora el sueño y disminuye la aparición de síntomas depresivos. Sugerimos prácticas que puedan realizarse en grupo —como gimnasia suave, yoga o baile adaptado— porque potencian el componente social y emocional del ejercicio.

4. Estimular la mente mediante actividades cognitivas y creativas

Una mente activa es una mente más resiliente. El entrenamiento cognitivo no solo frena el deterioro natural, sino que ayuda a fortalecer la percepción de control y valía personal. Apostamos por actividades como lectura, escritura, pasatiempos, juegos de memoria, rompecabezas, pintura, música o incluso el aprendizaje de habilidades nuevas.

La creatividad, además, actúa como canal emocional. Permite expresar sentimientos, reforzar la identidad personal y cultivar un estado mental más equilibrado. La estimulación cognitiva y artística contribuye de forma directa a un envejecimiento emocionalmente saludable.

5. Facilitar la expresión emocional sin juicios

Las personas mayores, como cualquier otro grupo, necesitan espacios seguros donde puedan expresarse libremente. Resulta imprescindible crear momentos de escucha activa, donde puedan hablar sobre sus temores, recuerdos, duelos o necesidades sin recibir juicios o interrupciones. Favorecemos conversaciones que validen sus emociones y que les permitan sentirse comprendidos.

Este acompañamiento emocional fortalece su bienestar porque reduce la ansiedad, mejora las relaciones cercanas y ayuda a gestionar procesos complejos como pérdidas, cambios de salud o ajustes en la rutina diaria.

6. Promover un entorno seguro, ordenado y lleno de significado

El ambiente en el que viven influye de manera contundente en su estabilidad emocional. Un hogar seguro, luminoso, ordenado y adaptado reduce el estrés, mejora la movilidad y disminuye la posibilidad de accidentes. Además, la presencia de objetos con valor sentimental —fotografías, recuerdos, libros o elementos personales— favorece el arraigo emocional y el bienestar psicológico.

Recomendamos revisar periódicamente el entorno para identificar barreras arquitectónicas, potenciar la accesibilidad y promover un diseño funcional que aporte tranquilidad y autonomía.

7. Mantener un vínculo emocional fuerte con la familia

La relación con los familiares es un soporte fundamental para la estabilidad emocional en la tercera edad. El acompañamiento cercano, las conversaciones diarias, las visitas periódicas y la participación en decisiones significativas fortalecen la autoestima y la sensación de pertenencia.

Impulsamos la creación de rituales familiares —llamadas semanales, celebraciones, comidas compartidas— así como la implicación en actividades intergeneracionales. La conexión con nietos y jóvenes aporta vitalidad, optimismo y un fuerte propósito emocional.

8. Garantizar una alimentación equilibrada que influya positivamente en el ánimo

La nutrición tiene un impacto directo en el bienestar emocional. Una dieta desequilibrada puede generar cansancio, irritabilidad o falta de energía. Apostamos por una alimentación rica en frutas, verduras, cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables. Además, fomentar la hidratación constante es clave para mantener el funcionamiento cognitivo óptimo.

Recomendamos también crear rituales alrededor de la comida: cocinar en compañía, decorar la mesa, probar recetas tradicionales o compartir platos con la familia. Esto convierte la alimentación en una experiencia emocional y social.

9. Acompañar en la gestión de duelos, cambios y pérdidas

La tercera edad suele traer consigo pérdidas significativas: seres queridos, capacidades físicas, roles sociales o independencia. Es imprescindible acompañar estos procesos desde la empatía, sin minimizar emociones ni precipitar fases del duelo.

Contar con profesionales especializados puede ser fundamental para afrontar estas etapas, pero también el apoyo constante de familiares y cuidadores. La comprensión y el acompañamiento emocional ayudan a reconstruir la estabilidad y a encontrar nuevas formas de significado y propósito.

10. Facilitar el acceso a profesionales de la salud mental cuando sea necesario

El bienestar emocional no se alcanza únicamente con hábitos saludables; en ocasiones, es necesaria la intervención de especialistas. Psicólogos, terapeutas ocupacionales y trabajadores sociales pueden ofrecer herramientas específicas para gestionar ansiedad, depresión, estrés o dificultades de adaptación.

Recomendamos normalizar la atención psicológica, presentándola como un recurso de cuidado y crecimiento personal, no como señal de debilidad. La intervención profesional adecuada puede transformar el bienestar global de una persona mayor.

Claves adicionales para fortalecer el bienestar emocional a largo plazo

Además de las recomendaciones anteriores, existen factores complementarios que profundizan en la calidad emocional de la vida en la tercera edad y que conviene integrar en el acompañamiento diario.

Crear proyectos de vida adaptados a su etapa actual

Los mayores también necesitan metas. Proyectos como escribir memorias, aprender una habilidad, colaborar en actividades comunitarias o cuidar un pequeño huerto aportan propósito y entusiasmo. El sentido de proyecto mejora la autoestima y refuerza la motivación diaria.

Incorporar tecnología de forma accesible y acompañada

Las herramientas digitales facilitan la comunicación familiar, permiten aprender cosas nuevas y conectan con el mundo. Sin embargo, recomendamos introducirlas de forma gradual, acompañada y adaptada al ritmo de cada persona. Videollamadas, aplicaciones de lectura, cursos online o juegos pueden convertirse en poderosas herramientas emocionales.

Reforzar hábitos que contribuyan al sueño reparador

El descanso influye directamente en la salud emocional. Sugerimos establecer rutinas de sueño, reducir estimulantes nocturnos, fomentar hábitos relajantes como la lectura o la música suave y garantizar un entorno cómodo para dormir.

Cultivar el sentido del humor y la positividad

La risa es un recurso terapéutico extraordinario. Compartir anécdotas, ver películas cómicas o rememorar momentos divertidos genera un clima emocional positivo y fortalece el vínculo interpersonal. Mantener un enfoque optimista, sin caer en la ingenuidad, ayuda a afrontar los retos cotidianos con mayor serenidad.

Conclusión

El bienestar emocional en las personas mayores no depende de una única estrategia, sino de un acompañamiento integral y continuo que abarca hábitos saludables, vínculos afectivos, estimulación cognitiva, entornos seguros y acceso a apoyo profesional cuando es necesario. A través de estas recomendaciones, contribuimos a que cada persona viva esta etapa con plenitud, dignidad y equilibrio emocional.

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